(Traduction en français en deuxième partie)
Semana Mundial por un Parto Respetado
Las posiciones para parir: actores y directores, el respeto a la libre elección
23 al 29 de mayo 2005

DOCUMENTO RESCURSO : Ideas alrededor de las posiciones para parir y la sexualidad (Viviana Toby, Argentina)

Una mujer que conoce sexualmente su cuerpo está en mejores condiciones para elegir qué posición puede facilitar su momento expulsivo. El conocimiento de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad se va construyendo relacionalmente por género dentro de códigos cultural y socialmente compartidos.

Las primeras experiencias sexuales infantiles que se manifiestan en el bebe a través del placer oral en la lactancia ya van configurando un modo de relacionarse sexualmente con el mundo. Las diferentes posiciones en el que el bebe es colocado a mamar lo comunican mas directa o indirectamente con la mirada de su mamá. En la evolución de los patrones de movimiento el niño atraviesa diferentes posiciones hasta conquistar definitivamente la posición vertical que lo coloca en un plano de igualdad espacial frente al adulto con el que comienza a interactuar de un modo cada vez más simétrico .

Con las primeras experiencias sexuales, que van desde conductas autoexploratorias o de autoestimulación hasta las mismas llamadas relaciones sexuales, se va construyendo un sistema vincular organizado culturalmente alrededor de un sistema de relaciones de poder. Este se expresa en todos los contextos a través de diferentes manifestaciones.

En lo que hace a la sexualidad la movilidad corporal con la que los amantes intercambian posiciones les permite a la vez participar de juegos de roles en los que cuando son flexibles posibilitan el crecimiento personal y el de la pareja. Cuando por cuestiones culturales, específicamente de género, la mujer no alcanza su autonomía emocional , sexual, social y hasta económica , sus potencialidades se invisibilizan ante ella misma y ante los demás.

La práctica sexual es un espejo en donde se refleja claramente este fenómeno, observable en la rigidez en los cambios de roles en cuanto al registro del deseo, excitación, iniciativa y hasta en las posiciones que la pareja va adoptando en su repertorio de conductas sexuales. No es casual que muchas parejas sólo puedan « hacerlo » con la luz apagada, o si ella está acostada en la tradicional posición del misionero.

Desde esta posición la mujer no se siente obligada a hacerse cargo de lo que está sintiendo ya que en la fantasía de ambos queda como mera receptora y depositaria del deseo del otro. Como no ha sido habilitada para disfrutar sexualmente acepta pasivamente que « la acuesten » dejando al varón disponer de su cuerpo. Acostada, no alcanza con su mirada a los genitales y su capacidad de movimiento se ve limitada

Pero la cuestión no pasa meramente por tal o cual posición sino por la posibilidad de movimiento que supone el estar conectada con sus impulsos y sensaciones físicas y emocionales. Pararse o sentarse, o cualquier otra opción vertical la coloca en otro espacio de acción para el cual ella y su compañero necesitan estar preparados. Disponer de todo el cuerpo, sin ocultamientos es aceptar mostrarse al varón con los rasgos espontáneos de ese momento más allá de las actuaciones cinematográficas sobre los desempeños sexuales.

La intimidad se construye de a dos en un vínculo de pares donde se confía del uso que el otro puede hacer con lo que se vive como vulnerable. Si reconocemos que el nacimiento es un acto sexual e íntimo, la participación que tenga el médico en el mismo deberá respetar ese momento tomando en cuenta el lugar jerárquico que debe ocupar la mujer en el escenario del parto. El espacio que ella haya elegido ocupar en su vínculo sexual de pareja condiciona el que pueda establecer con el médico en el momento de parir.

Quien pueda transitar la escena sexual por todos los lugares, y situarse desde diferentes perspectivas estará más preparada para reconocer desde qué posición abordar la experiencia de parir y hacer nacer. La horizontalidad en el vínculo con el equipo obstétrico será definitivamente la única garantía de que si elige en algún momento por la posición acostada será su elección y no del que « la acuesta ».

Nuestro planteo no es el de una posición ideal para parir, como tampoco lo sería para las relaciones sexuales, sino la « no posición ». La defensa de la movilidad que podría encontrarse hasta en la quietud.

En las tradiciones orientales existen muchas alusiones a la importancia de la variación en las posiciones coitales para el logro del equilibrio energético. (Ilustraciones de diferentes textos taoistas, s.VI d.c. en los que las mismas sirven para ajustar diferentes desequilibrios del cuerpo)

Es interesante el trabajo de Lakooff y Jonson (Metáforas de la vida cotidiana) en el que plantea cómo las metáforas orientacionales en el lenguaje dan significado a nuestra experiencia. Así FELIZ es arriba. TRISTE, abajo. Tener control o fuerza es ARRIBA mientras estar sujeto a control o fuerza es ABAJO.

Estas metáforas tienen una base física y social y reflejan las diferentes relaciones de Poder que se establecen en los vínculos y que están presentes tanto en el ejercicio de la sexualidad como en tantas otras dimensiones de la comunicación humana.


 

DOCUMENT RESSOURCE : Idées autour des positions pour

accoucher et la sexualité. Viviana Tobi, Argentine, Tobinatal : www.tobinatal.com

Une femme qui connaît sexuellement son corps est

en meilleures conditions pour choisir quelle position peut faciliter

son moment expulsif. La connaissance de notre corps et de notre

sexualité se construit de façon relationnelle par

genre, dans des codes culturellement et socialement partagés.

Les premières expériences sexuelles infantiles qui

se manifestent dans le bébé par le biais du plaisir

oral de l’allaitement configurent donc un mode d’identification

sexuelle avec le monde. Les différentes positions dans

lesquelles le bébé se positionne pour téter le

mettent en communication directement ou indirectement avec le regard

de sa mère. Dans l’évolution des patrons de mouvement

l’enfant traverse différentes positions jusqu’à trouver

définitivement la position verticale qui le situe sur un plan

d’égalité spatiale devant l’adulte avec lequel il

commence à se comporter sur un mode chaque fois plus

symétrique.

Avec les premières expériences sexuelles, qui vont

de conduites auto-exploratoires ou d’auto-stimulation jusqu’aux

relations sexuelles, il se construit un système de lien

organisé culturellement autour d’un système de

relations de pouvoir. Ceci s’exprime dans tous les contextes par le

biais de différentes manifestations.

Ce que fait la mobilité corporelle à la

sexualité, avec laquelle les amants changent de positions,

leur permet à la fois de participer à des jeux de

rôle qui – quand ils sont flexibles – donnent la

possibilité de la croissance personnelle ainsi que de la

croissance de couple. Quand, pour des raisons culturelles

spécifiquement de genre, la femme n’atteint pas son autonomie

émotionnelle, sexuelle, sociale, même économique,

ses potentiels se rendent invisibles pour elle et pour les autres.

La pratique sexuelle est un miroir où se reflète

clairement ce phénomène, observable dans la

rigidité des changements de rôle par rapport au registre

du désir, de l’excitation, de l’initiative jusqu’aux positions

que le couple adopte dans son répertoire de conduite sexuelle.

Ce n’est pas un hasard si beaucoup de couples peuvent seulement

« le faire » avec la lumière éteinte ou si la

femme est allongée dans la traditionnelle position du

missionnaire. Dans cette position la femme ne se sent pas

obligée de se charger de ce qu’elle ressent (car dans

l’imagination des deux elle reste la seule réceptrice et

dépositaire du désir de l’autre.)

Mais la question ne se pose pas seulement pour telle ou telle

position, sinon pour la possibilité de mouvement qui suppose

le fait d’être connecté avec ses impulsions et ses

sensations physiques et émotionnelles. Se lever ou s’asseoir

ou bien n’importe qu’elle autre option verticale situe la femme dans

un autre espace d’action pour lequel elle et son compagnon ont besoin

d’être préparés. Disposer de tout le corps, sans

se cacher, c’est accepter de se montrer à l’homme avec les

actes spontanés de ce moment, au-delà des conduites

cinématographiques sur les exercices sexuels.

L’intimité se construit à deux, dans un lien de

paire avec la confiance de ce que l’autre peut faire, avec ce qui se

vit comme vulnérable. Si nous reconnaissons que la naissance

est un acte sexuel et intime, la participation qu’y aura le

médecin devra respecter ce moment en prenant en compte la

place hiérarchique que doit occuper la femme dans la

scène de l’accouchement. L’espace qu’elle a choisi d’occuper

dans son lien sexuel de couple conditionne celui qu’elle peut

établir avec le médecin lors de l’accouchement.

Qui pourra passer la scène sexuelle partout et se situer

depuis différentes perspectives sera plus

préparée pour savoir quelle position adopter pour

aborder l’expérience d’accoucher et de faire naître.

L’horizontalité dans le lien avec l’équipe

obstétrique sera définitivement l’unique garantie que,

si elle choisi la position allongée, cela sera son choix et

non de celui qui « la couche ».

Notre approche n’est pas celle de la position idéale pour

accoucher, comme non plus elle le serait pour les relations

sexuelles, sinon celle de la « non position », de la

défense de la mobilité qui pourrait se trouver

jusqu’à la quiétude.

Dans les traditions orientales il existe beaucoup d’allusions

à l’importance dans la variation des positions coïtales

pour la réussite de l’équilibre

énergétique (illustrations de différents textes

taoïstes S.VI d.c, lesquelles servent à ajuster les

différents déséquilibres du corps.)

L’intéressant travail de Lakoof et Jonson

(métaphores de la vie quotidienne) expose les

métaphores orientales dans le langage qui donnent de la

signification à notre expérience. Ainsi, heureux est en

haut, triste est en bas. Avoir le contrôle et la force est en

haut, alors qu’être sujet au contrôle ou à la

force est en bas.

Ces métaphores ont une base physique et sociale et

reflètent les différentes relations de pouvoir qui

s’établissent dans les liens et qui sont présents tant

dans l’exercice de la sexualité comme dans tant d’autres

dimensions de la communication humaine.

Traduit de l’espagnol par ChristinePeterson-Launay


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