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El pro­pio nacimien­to es, en sí mis­mo, un hecho fun­da­men­tal en la vida de las per­sonas. No sólo por lo que rep­re­sen­ta en cuan­to surgimien­to a la vida extraute­ri­na, sino tam­bién por su influ­en­cia en nues­tra for­ma de ser más pro­fun­da, que nos acom­pañará el resto de nues­tra vida. Hoy en día hay más que sufi­cientes evi­den­cias que demues­tran la impor­tan­cia de la gestación, del nacimien­to, de los primeros años de vida, en el futuro de las per­sonas. Hablar del futuro de las per­sonas es hablar del futuro de las sociedades, de las civ­i­liza­ciones, de la Humanidad. Al fin y al cabo los bebés, los niños de hoy, son los adul­tos del futuro.

Debe­mos pre­gun­tarnos entonces ¿Qué es un buen nacimien­to? ¿Qué aspec­tos debe­mos cuidar para que sea la mejor de las expe­ri­en­cias para la madre y para el bebé?

Hay, evi­den­te­mente, dos grandes pro­tag­o­nistas en todo nacimien­to: la madre y su hijo.  La madre ya ha pasa­do ante­ri­or­mente (aunque sea su primer hijo) por la expe­ri­en­cia del nacimien­to: el suyo pro­pio, en el papel de hija. En el momen­to del nacimien­to la madre es a la vez ella mis­ma nacien­do y de hecho, su hijo, ha for­ma­do parte de su cuer­po en una sim­bio­sis total. Hablar de sim­bio­sis entre madre e hijo es hablar de pen­samien­tos, sen­timien­tos y emo­ciones com­par­tidos. Lo que siente la madre, lo siente el bebé. Esta sim­bio­sis no aca­ba con el acto del nacimien­to, en que físi­ca­mente se sep­a­ran a través del corte del cordón umbil­i­cal, sino que con­tinúa en el tiem­po, en los días, meses y años pos­te­ri­ores. Pero esta sim­bio­sis entre madre e hijo no sig­nifi­ca que el cere­bro, la mente de la madre, sea el mis­mo que el del bebé, sino la exis­ten­cia de dos cere­bros difer­en­ci­a­dos, cada uno con su par­tic­u­lar for­ma de recibir y alma­ce­nar infor­ma­ción. El cere­bro del bebé es bási­ca­mente recep­ti­vo, con una per­cep­ción sub­je­ti­va, inte­ri­or­iza­da y pura­mente emo­cional. El bebé, glob­al­iza todo impacto emo­cional hacién­do­lo suyo y de esta for­ma escribe en sus célu­las, en su sis­tema nervioso, en su cuer­po todo, cuan­to la madre siente, sean emo­ciones grat­i­f­i­cantes o traumáti­cas. En el nacimien­to debe­mos pues con­sid­er­ar, tan­to las necesi­dades emo­cionales de la madre como las del bebé. Si la madre tiene una viven­ciación grat­i­f­i­cante de su par­to, así lo sen­tirá tam­bién su bebé.
 
Necesi­dades emo­cionales de la madre
 
No cabe duda de que el primer deseo de toda madre, ante el acto de Dar a Luz, es que ella y su bebé no ten­gan ningún prob­le­ma de salud, en cuan­to a su cuer­po físi­co se refiere. A par­tir de aquí, cada madre ten­drá sus propias expec­ta­ti­vas sobre el desar­rol­lo del par­to. El prob­le­ma es que esas expec­ta­ti­vas se basan, gen­eral­mente, en una mala infor­ma­ción (inclu­so en una des-infor­ma­ción). Tam­bién, cada mujer, según su entorno famil­iar, social y cul­tur­al, se ha crea­do una visión par­tic­u­lar sobre el nacimien­to. Uno de los sen­timien­tos más repeti­dos es el miedo. El miedo al dolor, el miedo a que algo sal­ga mal, el miedo a no ser “capaz”. De este miedo se sir­ven algunos esta­men­tos médi­cos para manip­u­lar y some­ter a la mujer a sus prác­ti­cas clíni­cas, que no tienen en cuen­ta las necesi­dades emo­cionales de las madres y menos aún de los bebés.

No cabe duda de que, gra­cias a los ade­lan­tos médi­cos, se sal­van vidas de madres y bebés durante el par­to. Pero ya nadie puede negar tam­poco, que nos hemos pasa­do de “fre­na­da”. Lo que debería ser de apli­cación pun­tu­al y efec­ti­va se ha con­ver­tido en habit­u­al y dañi­no. Tal como preg­o­na el Dr. Michel Odent (exper­to obstre­ta), las exce­si­vas inter­ven­ciones médi­cas en el par­to inter­rumpen su pro­ce­so nat­ur­al y tienen como con­se­cuen­cia un exce­so de uti­lización de fór­ceps, de cesáreas in-necesáreas, de epi­siotomías y de com­pli­ca­ciones post-par­to (dicho de otra man­era, sufrim­ien­to innece­sario para madre y bebé).

El Dr. Michel Odent demues­tra, des­de la fisi­ología, que el cuer­po de la mujer (y del bebé) está más que sufi­cien­te­mente prepara­do para Dar a Luz sin prob­le­ma. Sólo hay que dejar­lo que actúe. En las excep­ciones en que sur­ja una com­pli­cación, ahí debe estar la med­i­c­i­na para sol­ven­tar­la. La Nat­u­raleza dota a madre y bebé, para afrontar las exi­gen­cias del nacimien­to, de lo que él denom­i­na “Cóc­tel de Hor­monas”. En este cóc­tel desta­can las endor­fi­nas –mor­fi­na endó­ge­na, que pro­ducen madre y bebé- y la oxi­toci­na –gen­era con­trac­ciones del útero, induce al amor, al goce y al placer‑, que sólo podrá seg­re­garse si no se pro­duce adren­a­li­na, al ser antag­o­nistas. La adren­a­li­na se pro­duce ante una situación de peli­gro, de miedo, de inse­guri­dad y ello nos da pis­tas para pen­sar qué aspec­tos debe­mos cuidar en el entorno del nacimien­to. El Dr. Michel Odent abo­ga por un par­to que hay que “mam­ifer­ar” en el sen­ti­do de respetar el pro­ce­so instin­ti­vo, nat­ur­al, del nacimien­to; a través de la intim­i­dad, la seguri­dad, la tem­per­atu­ra ade­cua­da, la lib­er­tad de movimien­to, el lengua­je uti­liza­do con pre­cau­ción, la penumbra.

Fijé­monos que la viven­ciación gozosa ‑emo­cional­mente sana‑, del par­to, por parte de la madre, nece­si­ta de unos cuida­dos lim­i­ta­dos y sin inter­venir en el pro­ce­so fisi­ológi­co del mis­mo. Nece­si­ta de un entorno ínti­mo, tran­qui­lo y respetu­oso con los deseos de la madre. Lo emo­cional y lo fisi­ológi­co inter­ac­túan, se influyen mutu­a­mente para obten­er un nacimien­to sano y feliz; para que la madre viva, en toda su inten­si­dad emo­cional, el mila­gro del nacimien­to.
 
Necesi­dades emo­cionales del bebé
 
Des­de la per­spec­ti­va del bebé, su nacimien­to, es un hecho de alta car­ga emo­cional. Aban­dona el cáli­do y pro­tec­tor útero para sur­gir a un mun­do descono­ci­do, a través de un camino largo y lleno de obstácu­los. El bebé, a lo largo de la gestación y en el nacimien­to, mantiene una sim­bio­sis total con su madre. Esa sim­bio­sis impli­ca que lo que siente la madre, lo siente él. Por lo tan­to, un primer aspec­to a con­sid­er­ar, en las necesi­dades emo­cionales del bebé, es el esta­do emo­cional de su madre a lo largo del tra­ba­jo de par­to. Ya hemos vis­to qué aspec­tos con­tribuyen a que el esta­do emo­cional de la madre sea el mejor posible.

Además de los sen­timien­tos que le trans­mite su madre, el bebé exper­i­men­ta por sí mis­mo las difer­entes eta­pas que se suce­den a lo largo del par­to. En su cor­to pero inten­so camino hacia el exte­ri­or, sen­tirá en su cuer­po las exi­gen­cias del pro­ce­so y tam­bién se inun­dará de inten­sos sen­timien­tos y emo­ciones, pro­pios y provi­nentes de su madre. Jus­to en el momen­to de nac­er ten­emos el momen­to más críti­co del pro­ce­so a niv­el emo­cional. De repente está en un mun­do descono­ci­do, en un espa­cio amplio que con­trasta con la estrechez en la que has­ta aho­ra había exper­i­men­ta­do. Luces extrañas y sonidos descono­ci­dos. Pul­mones que luchan por res­pi­rar. De cómo perci­ba el bebé este nue­vo mun­do, depen­derá su par­tic­u­lar for­ma de percibir­lo el resto de su vida. ¿Cuáles son sus necesi­dades emo­cionales en este momen­to? La primera necesi­dad es la de sen­tirse “seguro” (lo con­trario es miedo, páni­co, ter­ror). Sen­tirse seguro sig­nifi­ca sen­tirse pro­te­gi­do. Sen­tirse cer­ca de donde se ha sen­ti­do seguro toda su vida: jun­to a su madre. Tocan­do su cuer­po, olien­do su piel, escuchan­do el lati­do de su corazón, reci­bi­en­do su calor, percibi­en­do su mira­da. En segun­do lugar, nece­si­ta sen­tir la ale­gría, la feli­ci­dad, el amor de su madre. Esto sólo es posi­ble situan­do el bebé, nada más nac­er, en el pecho de su madre. No cor­tar el cordón umbil­i­cal has­ta que deje de latir (otro sufrim­ien­to que debe evi­tarse, puesto que si el cordón umbil­i­cal se cor­ta antes, el bebé, lit­eral­mente, se asfix­ia; sus pul­mones aún no se han vaci­a­do de líqui­do amnióti­co y no pueden apor­tar el oxígeno nece­sario), no prac­ticar prue­bas médi­cas, ni curas que pueden pospon­erse para más tarde, no sep­a­rar bajo ningún con­cep­to a madre y bebé.

De nue­vo la fisi­ología apoya lo emo­cional. Con­tin­uan­do con el “Cóc­tel de Hor­monas”, si se per­mite el con­tac­to inmedi­a­to entre madre y bebé, se va a pro­ducir la may­or descar­ga de Oxi­toci­na que exper­i­men­ta un ser humano en toda su vida. Ello induce al amor mater­nal, al apego madre-bebé a sen­sa­ciones pla­cen­teras y de feli­ci­dad. Al mis­mo tiem­po se seg­re­ga Pro­lacti­na. Se facili­ta el ini­cio de la lac­tan­cia, el desprendimien­to de la pla­cen­ta y se pre­vienen hemor­ra­gias. ¡Casi nada, si dejamos a la Nat­u­raleza actu­ar!
 
¿Qué es un buen par­to?
 
De entra­da todos estare­mos de acuer­do en que un buen par­to es el que tiene como resul­ta­do final una madre y un bebé en per­fec­to esta­do de salud. A par­tir de aquí es cuan­do debe­mos con­sid­er­ar que la pal­abra “salud” incluye el esta­do men­tal y emo­cional de las per­sonas (no sólo la del cuer­po), por lo que un buen par­to será, además, el que per­mi­ta su viven­ciación emo­cional, feliz y gozosa, por parte de la madre y del bebé.

Es más, por enci­ma de las “for­mas” en que se desar­rolle el par­to y el nacimien­to, prevalece el “sen­tir” de madre y bebé. “Casual­mente” las for­mas que más pueden ayu­dar a esa viven­ciación emo­cional feliz y gozosa, son las del par­to “mamífero” que preg­o­na Michel Odent. Un par­to no inter­ven­cionista, ni med­ical­iza­do. Un par­to respetu­oso con la fisi­ología y con la viven­ciación emo­cional, que per­mite a la madre y al bebé la máx­i­ma salud, físi­ca y psicológica.

Entonces, si no se tiene un par­to en estas condi­ciones, o nace un bebé pre­mat­u­ra­mente, o se efec­túa una cesárea, ¿ten­dremos unas irre­me­di­a­bles con­se­cuen­cias neg­a­ti­vas en el desar­rol­lo psi­coemo­cional del bebé? No nece­sari­a­mente. Antes del nacimien­to hay lar­gos meses de gestación, fun­da­men­tales en la con­struc­ción del vín­cu­lo afec­ti­vo entre madre y bebé. Una gestación en la que el bebé intrauteri­no recibe el amor de su madre es una sól­i­da base para afrontar el nacimien­to. Después del nacimien­to hay min­u­tos, horas, días, años, en que ten­emos la opor­tu­nidad de ayu­dar a que, sea cual haya sido el pro­ce­so de par­to, el bebé se sien­ta seguro, pro­te­gi­do, ama­do. Un nacimien­to traumáti­co para el bebé nece­si­ta, más si cabe, de todo el ali­men­to afec­ti­vo que seamos capaces de dar­le (lac­tan­cia, cole­cho, aten­ción del llan­to, besos y abra­zos sin límites).
 
El Decál­o­go de la Platafor­ma Pro Dere­chos del Nacimien­to
 
Este decál­o­go habla de los dere­chos de que un bebé adquiere cuan­do decidi­mos dar­le la opor­tu­nidad de nacer.

A par­tir de ese momen­to esta­mos oblig­a­dos a acom­pañar­le ade­cuada­mente en la aven­tu­ra de la vida hacién­donos car­go de que esta se desar­rolle de la for­ma más grat­i­f­i­cante, enrique­ce­do­ra y feliz posible.

La inves­ti­gación evi­den­cia que las expe­ri­en­cias vivi­das en los primeros esta­dios de la vida (con­cep­ción, nacimien­to y primera infan­cia) dejan en el ser humano una huel­la imborrable cuyas con­se­cuen­cias le acom­pañaran el resto de la misma.

Con la inten­ción de pre­venir pos­te­ri­ores secue­las psi­co-emo­cionales, invi­ta­mos a madres, padres y pro­fe­sion­ales a respetar este decálogo.

1º El bebé tiene dere­cho al reconocimien­to de su capaci­dad físi­ca y emo­cional, en su vida intraute­ri­na y extraute­ri­na y, espe­cial­mente, durante el trán­si­to entre ambas.

2º El bebé y su madre tienen dere­cho a intim­i­dad y respeto antes, durante y después del parto.

3º El bebé tiene dere­cho a ser aten­di­do per­sonal­mente por su madre, como mín­i­mo, durante el primer año. La madre tiene dere­cho a dis­fru­tar del con­tac­to ínti­mo con su bebé cuan­do desee.

4º El bebé tiene dere­cho a dis­fru­tar de lac­tan­cia mater­na a deman­da, al menos, durante el primer año. A que durante su estancia en hos­pi­tal se respe­ten los “10 pasos para una lac­tan­cia feliz” estable­ci­dos por UNICEF y la OMS y recomen­da­dos por la Aso­ciación Españo­la de Pediatría.

5º El bebé y su madre tienen dere­cho a per­manecer jun­tos en las horas y días sigu­ientes al nacimien­to. Ningu­na explo­ración ni estancia hos­pi­ta­lar­ia jus­ti­fi­ca la sep­a­ración de ambos.

6º El bebé pre­maturo tiene dere­cho a ser incuba­do con el Méto­do Madre Can­guro. Ningu­na unidad de neona­tología es más salud­able para el bebé que la piel materna.

7º El bebé y su madre tienen dere­cho a que se respe­ten el momen­to, rit­mo, ambi­ente y com­pañía en el par­to-nacimien­to y a que el mis­mo tran­scur­ra de for­ma fisi­ológ­i­ca. Un bebé y madre sanos tienen dere­cho a no ser trata­dos como enfermos.

8º El bebé intrauteri­no tiene dere­cho a que el bien­es­tar emo­cional de su madre no sea alter­ado por un exce­so y abu­so de con­troles durante la gestación.

9º Los padres tienen obligación de bus­car, y dere­cho de recibir  toda la infor­ma­ción y bien aseso­ra­dos,  tomar per­sonal­mente todas las deci­siones rela­cionadas con el bien­es­tar del bebé.

10º El bebé pre­maturo tiene dere­cho a per­manecer pega­do al cuer­po de su madre has­ta que adquiera el peso y las condi­ciones opti­mas de salud. Ningu­na unidad de neona­tología es más salud­able para el bebé que la piel mater­na.
            
Ante todo: infor­ma­ción
 
La gestación, el nacimien­to, son los hechos más impor­tantes en la vida de las per­sonas, tan­to viven­cián­do­lo como bebé, como sien­do madres y padres. En las últi­mas décadas se ha tec­nifi­ca­do tan­to la gestación y el nacimien­to que se ha per­di­do en gran medi­da la opor­tu­nidad de exper­i­men­ta­r­lo con toda su car­ga emo­cional, con toda su fuerza vital.

Toda mujer tiene el dere­cho (y yo diría además el deber) de infor­marse de las difer­entes posi­bil­i­dades que tiene de traer a sus hij@s al mun­do, de lo que supone cada una de ellas, tenien­do en cuen­ta sus propias necesi­dades y las del bebé;  esco­gien­do la que crea más ade­cua­da a sus expec­ta­ti­vas y deseos. Para ello no hay más reme­dio muchas veces que “bus­car” esa infor­ma­ción fuera de los cauces hos­pi­ta­lar­ios y médi­cos usuales, tarea que facil­i­tan gru­pos y aso­cia­ciones ded­i­ca­dos a infor­mar, aseso­rar y pro­te­ger los dere­chos de madres y bebés (inclu­idas las valiosas aso­cia­ciones de apoyo a la lactancia).

Sólo la con­cien­ciación de madres y padres de lo que supone una man­era u otra de dar a luz puede hac­er cam­biar final­mente acti­tudes y pro­to­co­los irre­spetu­osos con las mujeres y sus bebés. Son muchas las per­sonas dis­pues­tas a pro­mover este impre­scindible cam­bio, por bien de los bebés, las madres, los padres y de toda la sociedad.
 

 “El nacimien­to es un acto sagra­do, una rep­re­sentación en la Tier­ra de la Creación de la vida. Dar a Luz es un acto sub­lime de amor, lleno de afec­to y entre­ga. Toda madre, todo bebé, tiene dere­cho a vivir­lo en toda su inten­si­dad, con toda su car­ga emo­cional. Respetan­do el nacimien­to, respeta­mos al Ser Humano, respeta­mos la Vida y sem­bramos semi­l­las  para un mun­do mejor.”
Enrique Blay

 
Enrique Blay (Psicól­o­go del Desar­rol­lo)
Vicepres­i­dente de la:
 
Platafor­ma Pro Dere­chos del Nacimien­to 
 www.pangea.org/pdn/plataforma.html


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